Cuando finalizó la temporada 1982-1983, la de Luis Costa, el Palencia C.F. se encontraba en una situación crítica,
asfixiado por las deudas. Ni siquiera existía la posibilidad de recaudar dinero por
traspasos de jugadores ya que estos habían logrado de la Federación Oeste la rescisión de sus contratos por impago de
sus salarios.
La Comisión de socios que había colaborado con la Directiva para conseguir ingresos atípicos, informó de que a lo largo de
la temporada se habían abonado a los jugadores 18.826.500 ptas. y a los técnicos otras 9.681.000, pero quedaban pendientes
38.758.432 ptas., de las que se esperaba que la Federación aportase unos diez millones que debía al club morado por los
porcentajes correspondientes de quinielas y televisión.
Vista la situación, la Directiva convocó el día 30 de Mayo una reunión “para la salvación del club”,
que contó con la asistencia de unas setenta personas. El directivo Juan Abad confirmó la deuda de
28,7 millones con los jugadores (descontando ya los diez millones esperados de la
Federación), a los que había que añadir 38,6 millones adelantados por los propios directivos y otros 35,2
que se debían por varios conceptos. En total más de 102 millones, si bien la cifra
exacta se debía confirmar por la auditoría que se había encargado. Las cifras asustaron a los presentes y no se adoptó
ninguna solución. Pocos días después, la Directiva, que había anunciado su renuncia para final de temporada,
confirmó dicha medida, aunque continuaría en sus puestos hasta el día 30 de Junio.
El día 23 de ese mes, se constituyó la Junta Gestora que sustituiría a la Directiva una semana más tarde.
Estaba presidida por Carlos Herrero, y se integraron en ella Andrés Andérez, Francisco Pérez, Juan Abad,
Braulio Agüera y Martín Ortega, todos ellos, integrantes de la Directiva saliente.
El 13 de Julio se celebró la Asamblea anual de socios, en el Cine Luises, ante una presencia de socios muy superior a lo
habitual. El auditor Juan José Ortega, presentó los resultados de su trabajo y, ante la sorpresa general, cifró el déficit
del club en “sólo” 75.432.875 ptas., inferior al que se venía anunciando.
La temporada anterior finalizó con un superávit de 4.640.267, a pesar de contar con sólo 2.054 socios, y la deuda con
jugadores y técnicos ascendió a 44.108.983 ptas.
Presentadas las cifras, el presidente, Leandro Palacios, y su directiva dimitieron irrevocablemente y dejaron paso a
la Gestora de Carlos Herrero, que se marcó el objetivo de conservar la categoría y, para conseguirlo, mantuvo los
precios de los carnets de la temporada anterior (12.000 ptas. en Tribuna y 7.000 en General) y se fijó el objetivo
de conseguir 12 millones de la campaña de socios antes del 30 de Julio. En caso contrario, la Gestora dimitiría y el
club desaparecería. Milagrosamente, la que se presumía Asamblea de disolución del club, dejó abierta una puerta a la
esperanza.
La campaña en los medios de comunicación fue intensa durante esos días, y los aficionados se volcaron en la retirada de
sus carnets. Llegada la fecha tope, la Gestora informó de que se habían superado los 12 millones
acordados y, por tanto, se empezaría a negociar con los jugadores, ofreciéndoles cobrar la mitad de las cantidades adeudadas.
La alternativa sería dejar que el club desapareciera y entonces sólo cobrarían del fondo de garantía,
cantidad muy inferior al 50% ofertado.
Eso sí, la condición que se impuso fue que aceptaran todos, o no cobraría ninguno.
Al día siguiente, la AFE informó de las denuncias presentadas por los jugadores de los distintos clubs, y
en ella aparecía el Palencia, con 26 denuncias (algunas de jugadores de temporadas anteriores),
por un importe de 30,4 millones de pesetas.
El 8 de Agosto se celebró una nueva Asamblea de socios, en la que se informó de que había dificultades
para llegar a acuerdo con Huezo (con el que no se había podido hablar), Zubeldia, Belanche,
Maldonado, Joaquín, Llacer, Juan, Luis Costa y algunos más. Se decidió por parte de
los presentes hacer un último intento antes de tirar la toalla.
Cuatro días después, la Gestora, con la incorporación de algunos miembros nuevos que no habían formado parte de la
Directiva saliente, se reunió en la Peña Marcelo con algunos de los jugadores y técnicos, estando representados otros.
Se les realizó la oferta de cobrar la mitad y, tras una deliberación en privado, fue aceptada por ellos,
quedando pendiente la aceptación por parte de Joaquín, Módigo, Maldonado, Huezo, Montes y Luis Costa, que no estaban
representados.
El 16 de Agosto se celebró otra Asamblea, en la que la Gestora informó de que los jugadores problemáticos eran Joaquín,
Módigo y Huezo, y que tampoco había acuerdo con los ex-entrenadores Montes y Luis Costa, si bien el impago a estos no
conllevaría el descenso de categoría. Los presentes decidieron agotar todos los plazos y, si finalmente no se pudiese
llegar al acuerdo, disolver el club. Para el caso de seguir adelante, se acordó un presupuesto con
79,5 millones de pesetas de ingresos y 60 de gastos y se convocaron elecciones para el día 9 de Septiembre.
Para tratar de resolver la situación, se formaron dos expediciones: para tratar de
convencer a Módigo y Huezo, que habían fichado por el Lorca y el Cartagena, respectivamente, se desplazaron a Murcia
Lorenzo y Ferrero; para hablar con Joaquín, jugador del Deportivo, viajaron hasta La Coruña su hermano Juan y Dueñas.
La primera expedición lo tuvo más fácil: A las ocho y media de la mañana obtuvieron la conformidad de Huezo y a las
diez la de Módigo. Sin embargo, Juan y Dueñas llamaron a las nueve y diez informando de que Joaquín no quería ceder.
Se produjo una serie de llamadas entre distintos ex-compañeros y miembros de la Gestora y, al final, a las once de
la mañana, el argentino acabó firmando el documento que dio la vida al club.
Inmediatamente, la Gestora empezó a trabajar con los bancos, para depositar al día siguiente en la Federación los
15.133.700 ptas. a los que había quedado reducida la cifra denunciada por los jugadores después de la negociación.
Era el día 19 de Agosto y aunque el club había sobrevivido, no había equipo, cuando la
competición empezaba el 4 de Septiembre. Los fichajes y cesiones se gestionaron contra el reloj y, finalmente, el día
convenido a las siete de la tarde, saltaba al césped de Balaídos el Palencia C.F., dejando además una buena imagen a
pesar de su derrota por 2-1.
La casi segura desaparición se salvó en aquel verano, gracias a la ilusión y entrega de la afición, espoleada por la
gran temporada anterior. Algo tuvo que ver también la argucia de predicar a los cuatro vientos una deuda muy superior que
la que luego se reconoció tras la auditoría; las cifras que hubieran parecido inasumibles acabaron pareciendo buenas
después de esperarse otras mucho peores. Gracias a todo ello, Palencia disfrutó una temporada más de la Segunda División
y el club pudo seguir existiendo tres años más, hasta que una serie de nuevos errores, unidos al lastre acumulado, acabó
con él en 1986.