En el verano de 1989, después de tres intentos fallidos, el Palencia buscaba el ascenso a Segunda B, de la mano de la
nueva Directiva de Donato Fernández. Después de firmar el retorno al banquillo de Mariano García y con él muchos de los
jugadores que habían dejado el club un año antes, faltaba la guinda del pastel: un buen delantero centro, que
garantizase un buen número de goles en cada temporada.
Hasta mediados de Agosto intentaron los dirigentes morados conseguir el fichaje del jugador del Valladolid Promesas Peña,
que ya había estado cedido en el Palencia, pero al frustrarse esa opción, se hizo público el interés del club por el
burgalés Molinero, jugador del Racing Lermeño, que antes había jugado en el Real Burgos y Racing de Ferrol, consiguiendo con ambos el ascenso a Segunda B y en el Sestao de Segunda División. El 17 de Agosto viajaron Donato Fernández y Julio Antolín a Lerma y sólo un día después se hizo público entre ambos clubes y el jugador: Para el Lermeño, un millón de pesetas, más un partido amistoso y el 50% de lo que pudiese conseguir el Palencia en caso de posible traspaso a otro club; para Molinero, 150.000 pesetas mensuales.
Llegó así al Palencia José Manuel Molinero Caraballo, nacido en Salas de los Infantes el 14 de Marzo de 1965. Pero
los inicios no fueron fáciles, a pesar de conseguir el ansiado ascenso en su primera temporada. A sus frecuentes lesiones
se unió su aparente falta de compromiso con el club, llegando a protagonizar algunos enfrentamientos con el técnico,
que llegaron incluso a una multa por llegar tarde a la convocatoria para ir a jugar a Zamora.
El balance fue de sólo 22 partidos jugados y 13 goles.
La temporada 1990-1991 fue también exitosa para el Palencia, que firmó una excelente campaña, pero el de Salas
sufrió una importante lesión en la primera vuelta, que le tuvo apartado del equipo durante dos meses, en los que se
le volvió a achacar su falta de compromiso con el club. Pero su reacción se produjo sobre el terreno de juego,
empezando a demostrar la calidad que se le suponía y sentando las bases del idilio que iba a mantener con la afición morada.
Jugó sólo 21 partidos, marcando 7 goles, pero lo mejor estaba por llegar.
La temporada siguiente se empezó a fraguar una pareja de atacantes que acabaría marcando una época, breve, en la historia
del Palencia. A Molinero se unió Juanjo, dos delanteros que fueron aprendiendo poco a
poco a jugar juntos y que ese año dio el resultado de 12 goles en 41 partidos del primero, ya titular indiscutible y sin el
lastre de las lesiones de sus primeros años, y 7 goles en 33 partidos del segundo, casi recién ascendido del filial.
Sin duda, la mejor temporada del delantero burgalés en el Palencia fue la 1992-1993. Empezó con una dura negociación
con la Directiva morada para conseguir su renovación, pero una vez conseguida esta, Molinero
se implicó como nunca con el equipo, ahora dirigido por Lalo y fue una pieza fundamental para conseguir el milagro de
disputar la fase de ascenso a Segunda División. En 40 partidos consiguió 16 goles y colaboró también en los 17 que
marcó Juanjo en 44 partidos. El éxito, en este caso, fue tanto individual como colectivo.
En verano de 1993, nuevamente se produjo una tensa negociación entre el jugador y la Directiva, pero en ese momento
apareció una oferta de seis millones de pesetas al año del Andorra y el de Salas acabó
emigrando a la capital del principado.
Un año duró su ausencia y, en 1994, la nueva Directiva encabezada por Estilito recuperó a Molinero, pagándole justo
la mitad de lo que cobraba en el equipo andorrano. En una temporada de transición para el club morado, con el principio de
la era de los hermanos Collantes, el delantero burgalés acabó sumando 14 goles en 39 partidos y tuvo que hacer frente a
una sanción de 20.000 ptas. por ausencia a dos entrenamientos, además de ser testigo de excepción de la entrada del
presidente morado en el vestuario, amenazando a la plantilla delante de las cámaras de televisión.
Quizá esto tuviera que ver con la no renovación del jugador a final de temporada, con nueva emigración a Andorra,
donde estuvo otro año.
En 1996, Molinero fichó por el Burgos pero, ante la falta de oportunidades,
intentó su regreso al Palencia, recién descendido a Tercera División. Sin embargo, el club morado ya tenía cerrada su
plantilla y desestimó su fichaje, así que el jugador acabó incorporándose al Racing Lermeño.
Sin embargo, un año más tarde, el 21 de Julio de 1997, el club morado reincorporó al de Salas, para gran alegría de
la afición. Tras el fallido intento de ascenso en el famoso partido de Mieres, el Palencia volvió a intentar el salto,
clasificándose nuevamente para la fase de ascenso a Segunda B, solventada con menos fortuna que un año antes.
Esta temporada, Molinero jugó 40 partidos y marcó 23 goles, su mejor marca en el
club morado, a pesar de que estuvo a punto de causar baja en Diciembre, ante su no convocatoria para jugar
contra el Tardajos, convenciéndole Alfredo Merino y Rafael Peinador, entrenador y presidente, de que era mejor continuar
hasta el final de la campaña.
En verano de 1998, con nueva Directiva, presidida por “Pitu” Crespo y nuevo, aunque ya conocido, entrenador
(Mariano García), no hubo ningún problema para que el jugador renovase con los morados por una temporada más.
La temporada se saldó con un fracaso del equipo, no logrando ni siquiera jugar la fase de ascenso. El enfrentamiento
entre presidente y jugadores en Abril, tras la derrota en Benavente, propició el final de una generación de jugadores y,
entre ellos, Molinero, que se despidió de la afición el 2 de Mayo de 1999,
jugando contra la Hullera y marcando su último gol, después de haber participado en otros 31 partidos,
en los que anotó 16 goles.
Aún volvió a La Balastera la temporada siguiente, jugando en el Racing Lermeño, marcando de penalti el gol de la victoria
de su equipo, y siendo protagonista involuntario de una polémica, al reclamarle la Directiva de Luis Lafuente la devolución
de material deportivo. Sin embargo, esta situación no pudo evitar las muestras de afecto por parte de una afición a
la que supo encandilar con goles, buen juego y entrega.