El Rincón de Eugenio
Del plante de jugadores a la “Comisión de los 21”

Acababa de iniciarse la temporada 1982-1983 y la actualidad del Palencia C.F. estaba marcada por el fichaje del mundialista salvadoreño Huezo, los esperanzadores inicios del once de Luis Costa y los problemas habidos con la Federación por las fichas de los jugadores, que obligaron a jugar el primer partido de Liga con miembros de la plantilla del Cristo Olímpico .

Corría la quinta jornada, y el Palencia acababa de cargarse con su primer negativo, después de un empate en La Balastera contra el Real Mallorca, cuando, el día 6 de Octubre, apareció una nota firmada por los diez jugadores que continuaban de la temporada anterior, informando de que la directiva de Leandro Palacios había incumplido os plazos que les había dado para saldar la deuda de dicha temporada.
La respuesta de la directiva no se hizo esperar: no se habían cumplido las previsiones de la campaña de socios (sólo había 1.500, cuando se habían presupuestado 3.000) y las taquillas hasta el momento estaban resultando flojas. En el viaje a Elche del día 10, los morados arrancan un empate a dos goles, registrándose por fin el debut de Huezo, y enjugan así el negativo que arrastraban.

El viernes siguiente, día 15, los diez jugadores que continuaban de la temporada anterior, deciden encerrarse en el domicilio del club en la calle Menéndez Pelayo, saliendo sólo para entrenar y jugar los partidos, al no aceptar las excusas de la directiva morada.
Esta expone que en lo que va de temporada ha habido unos gastos de 38,6 millones de pesetas y unos ingresos de sólo 38,5 millones.

Quedan sólo dos días para el encuentro contra el líder y favorito de la competición, el Murcia, y se suceden las apariciones de jugadores y directivos en los medios de comunicación locales y nacionales, produciéndose un fuerte enfrentamiento entre ambas partes, protagonizándose en ocasiones espectáculos esperpénticos. Parte de la afición niega a los jugadores su derecho al plante, llegándose incluso a abucheos e insultos ante la sede del club.

Llega el domingo a las cuatro y media de la tarde, y la afición recibe al equipo con división de opiniones, que se tornan en ovación cerrada cuando finaliza el encuentro con la victoria morada por 1-0, injusta por lo corto del resultado, después de un gran partido. En el equipo titular, se alinearon siete de los jugadores encerrados (Llacer, Joaquín, Maldonado, Fuertes, Cano, Mediavilla y Javi), no llegando a jugar Peña, y quedándose en la sede del club Ferrero y Baquero, que estaban lesionados.

El día 20 se acude a jugar partido de Copa a Aranda de Duero, donde se vence por 0-2 y, al día siguiente, la directiva, a la que la situación se le ha escapado de las manos, convoca una Asamblea Extraordinaria, el día 25, en la sede del Seminario, a las ocho y media de la tarde.
Antes de la Asamblea, aún se jugará un partido más, el día 24 en el Vicente Calderón, con derrota ante el Atlético Madrileño por 1-0, con un gran juego del equipo morado, que mereció mucho más, alineándose esta vez siete de los jugadores encerrados.

En la Asamblea del día 25 se registra una de las mayores asistencias para este tipo de eventos en el club morado. Duró nada menos que tres horas y contó con la presencia, con voz pero sin voto, de los propios jugadores encerrados. De principio, la directiva puso sus cargos a disposición de los socios, pero estos decidieron exigir su continuidad. Procedieron entonces a leer el estado de las deudas del club, que ascienden a 68 millones de pesetas, de los que son urgentes 10 para pagar a los jugadores, 4 para el Impuesto de Menores y 12 para pagar la iluminación del campo, que se había instalado un año antes. Además, se deben 24 millones a los propios directivos.

Se suceden las opiniones de directivos y socios, produciéndose incluso un enfrentamiento entre el presidente, Leandro Palacios, y el jugador Fuertes, que se saldó con cánticos de unos socios a favor de uno y otros a favor del otro. La situación pasó por momentos en que parecía no haber solución, dejando la existencia del club pendiente de un hilo.
Finalmente, la directiva aceptó continuar si apareciese un grupo de aproximadamente 20 personas dispuestas a ejercer como comisión gestora, ayudando a generar los ingresos necesarios para sacar adelante al club. Empezaron a aparecer voluntarios de entre el público, uno por uno, hasta alcanzar el número de 21 personas. Pasadas las once de la noche, los jugadores decidieron abandonar su encierro, para permitir que este grupo, que en adelante se conocería como “Comisión de los 21”, pudiera realizar su trabajo y realizar las gestiones correspondientes.

A este grupo de 21 personas inicialmente se les añadió alguno más, aunque con el tiempo su número se fue reduciendo, sin que por ello cambiase su denominación. Durante casi cuatro años se convirtió en una importante fuente de ingresos atípicos y ejerció una labor de mediación entre directivos y jugadores, hasta que llegó el triste momento de la desaparición del club.

Analizando la situación a posteriori, cabe decir que, si el plante le hizo cierto daño al club, puesto que hubo aficionados que le abandonaron por no estar de acuerdo con los jugadores, no es menos cierto que significó que el resto de la afición se congregase en torno al equipo, concienciándose de la difícil situación y participando con un entusiasmo nunca visto, protagonizado no sólo por la “Comisión de los 21”, sino por todos los que apoyaron en mayor o menor medida, comprando papeletas para rifas y sorteos, pagando cantidades adicionales en las taquillas del club…

La imprevisión de los directivos a la hora de establecer el presupuesto y su escaso carisma para movilizar a la afición a tiempo fue la causa directa de que unos grandes profesionales se vieran en la necesidad de acudir a tomar medidas de presión para reivindicar lo que era suyo. Luego, esos mismos directivos trataron de reconducir la situación intentando imponer su autoridad y cerrándose las vías del diálogo, para al final verse obligados a recurrir a unos intermediarios que fueron quienes tuvieron que salvar la situación en su nombre.

Por supuesto, la directiva se vio obligada a abandonar el club una vez terminada la temporada; sobradamente había demostrado su incapacidad para resolver los graves problemas por los que había pasado.