El Rincón de Eugenio
La llegada de la WM

Cuando el fútbol llegó a España a principios del siglo XIX todos los equipos, sin excepción, se alineaban con dos defensas laterales, tres centrocampistas (un medio centro y dos “alas”) y cinco delanteros (dos extremos, dos interiores y el delantero centro). Esta apuesta por el fútbol ofensivo se traducía en resultados de escándalo, siendo extraño el partido que finalizaba sin que se marcasen al menos tres o cuatro goles.

En 1925, la FIFA introdujo una modificación en su Regla XI, la relativa al Fuera de Juego: el número de defensores que debía haber entre el último delantero y la línea de fondo se redujo de tres a dos. Esto se tradujo en mayores facilidades para los atacantes, que podían aprovechar mejor el amplio espacio entre los dos laterales para presentarse ante la meta contraria.
Poco a poco fue apareciendo una nueva táctica, en la cual el medio centro bajaba al centro de la defensa, para marcar al delantero centro contrario, y los dos interiores dejaban de ser delanteros y pasaban a ayudar a los dos “alas” (que a partir de entonces se llamaron “volantes”), formando lo que se denominó el “cuadrado mágico” en el centro del campo. A este dibujo táctico se le llamó WM, por la similitud entre las posiciones de los jugadores en el campo con el dibujo de una W encima de una M, aunque en algunas zonas de Europa también se le llamó El Sistema, con mayúsculas.

Aunque en Sudamérica ya se utilizaba la WM en 1940, el aislamiento internacional hizo que esta no se presenciase en España hasta finales de 1946, en una gira que realizó el San Lorenzo de Almagro por nuestro país. Una derrota en un amistoso frente a Portugal en Enero de 1947 inició el debate entre los partidarios de la nueva táctica y los del llamado sistema tradicional.

La selección empezó a adaptarse a la nueva táctica en 1948 y, en verano de ese mismo año, la propia Real Federación Española de Fútbol recomendó a todos los clubes que la implantasen.

Aunque el debate fue agrio en sus primeros momentos, los resultados fueron drásticos: En 1947 sólo la Real Sociedad utilizaba la táctica de la WM; en la temporada 1949-1950 no quedaba un solo equipo en España que siguiera usando el sistema tradicional, cuyos partidarios fueron barridos del mapa.

A finales de la temporada 1947-1948 llegaron a Palencia las discusiones entre unos y otros a través de artículos periodísticos, acogidos inicialmente con escepticismo. Sin embargo, la recomendación federativa de verano de 1948 precipitó los acontecimientos y el recién fichado entrenador, Conde, anunció que el Palencia adoptaría la nueva táctica esa misma temporada.

La mayor novedad táctica, retrasar el medio centro a defensa central, hizo caer gran parte de la responsabilidad del nuevo sistema sobre las espaldas de Insa, fichado esa misma temporada procedente del Atlético Zamora, y que se vio repentinamente convertido en defensa central. Una lesión de este jugador en la cuarta jornada, hizo que el Palencia volviera al sistema tradicional, hasta que se produjo su reincorporación siete jornadas después. Más adelante, y ante nuevas bajas de jugadores morados, fueron los delanteros Hevia y Hurtado los que se vieron obligados a jugar de defensa central, al preferir el entrenador reconvertir a un delantero antes que a un lateral o un centrocampista.

El balance de esa primera temporada no fue en absoluto positivo. Como vía para mejorar la situación económica del club, los dirigentes morados buscaron un acercamiento al Valladolid, del que consiguieron un acuerdo de colaboración (entonces se llamó de filialidad), por el que el Palencia obtenía la cesión de jugadores interesantes a cambio de que el conjunto pucelano tuviera preferencia para fichar a los más destacados del conjunto morado. Además, los socios del Palencia tenían derecho a hacerse socios del Valladolid sin pagar cuota de entrada.

La medida apenas reportó beneficios al club morado, que se vio jugando en un grupo complicado de Tercera División, sin haber conseguido los jugadores vallisoletanos pretendidos y adaptándose a marchas forzadas a un sistema que los morados tardaron en asimilar. Las amplias derrotas ante el Numancia (4-0) y el Plus Ultra (7-0) llevaron a la prensa palentina a preguntarse si realmente en la plantilla había jugadores válidos para el nuevo sistema.
El Palencia, que inicialmente aspiraba a jugar la fase de ascenso a Segunda División, fue rebajando poco a poco sus expectativas, hasta conformarse con lograr la permanencia, después de lograr 24 puntos en 26 partidos, con un balance de 50 goles a favor y 47 en contra. En Copa fue aún peor, al caer en la primera eliminatoria a partido único en Burgos por el resultado de 4-0, eso sí, empleando el sistema tradicional y no la WM.

Finalizada la temporada, Conde dejó el banquillo morado, y Benito Cid de la Llave cesó en la presidencia del club, que pasó por un momento crítico hasta que se proclamó nuevo presidente a Salustiano del Olmo. Ni que decir tiene que el convenio con el Valladolid se dio por finalizado. Echezarreta se hizo cargo del banquillo morado y ni él, ni ninguno de sus sucesores volvió a emplear jamás el sistema tradicional.